EL DESAFIO DE EJERCITAR EL DON DEL INTELECTO

Por Aarón Leví Gómez Álvarez
La Iglesia está viviendo un tiempo de restauración de ministerios y dones, un tiempo en el que lo sobrenatural para el hombre (lo natural de Dios) se vivencia de modo más constante que antaño. Es por ello que muchos cristianos anhelan recibir dones de sanidad, de profecía y de poder etc. o van en pos de las personas que los han recibido a fin de ser edificados. Esto no está mal en sí mismo, pero quiero desafiarte querido lector a ejercitar un don, un regalo de Dios dado a su pueblo que no es tan “glamoroso” como los mencionados antes, pero que ha sido dado a cada integrante del cuerpo de Cristo y que es necesario para la el fortalecimiento y crecimiento de la Iglesia: este es el don del intelecto.

Cuando los fariseos le preguntaron a Jesús cual era el mayor mandamiento de todos, Él les respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. (Mateo 22.37) ¿Cómo es “amar a Dios con toda nuestra mente”?, ¿No será poniendo toda nuestra capacidad intelectual a su disposición? Pablo dijo que nosotros tenemos la mente de Cristo, este es el don del intelecto. En sus enseñanzas Jesús citaba continuamente la ley y los profetas Estimado lector ¿Cómo cree usted que Jesús obtuvo su conocimiento de las Escrituras? ¿Cómo lo obtuvo Pablo y Pedro el Pescador? Si Pablo solo lo hubiera recibido por revelación no habría recomendado con tanta frecuencia a Timoteo que se ocupara de la lectura de las Escrituras.

El mundo evangélico carismático hay ciertos términos que parecieran causar comezón en los oyentes. Algunas de estas palabras son: Doctrina, Teología, Razón o Razonamiento, Lógica, Filosofía… y podríamos seguir nombrando palabras relacionadas con el don del intelecto que han sido tenidas por poco espirituales, incluso anticristianas. Estas palabras despiertan el pánico de algunos creyentes devotos, llenos del Espíritu que temen caer en la trampa de “la letra”, temiendo que la razón les haga caerla fe en un descuido, o que la ciencia y el argumento lógico se confabulen para matar la vida del Espíritu. Me pregunto ¿Por qué esta pugna entre la fe y la razón? , ¿Por qué este innecesario divorcio entre la espiritualidad y la ciencia?, ¿Es necesario mirar la doctrina y los dogmas como fríos argumentos alejados del cálido amor de Dios? Yo creo que no. Otra pregunta ¿Será cierto el mito de que para acercarnos a Dios tenemos que renunciar al uso de la mente, algo así como “abandonar todo razonamiento”? Para muchos eso es lo más parecido a un suicidio intelectual. Eso fue lo que me dijeron a mí que era necesario para que yo pudiera recibir el bautismo del Espíritu Santo, el cual recibí y no me fue necesario para ello abandonar el intelecto ni “poner mi mente ‘en blanco’”. Esta idea de poner la mente en blanco y dejar a un lado el intelecto para poder vivir lo espiritual tiene sus raíces en creencias orientales y viene junto con eso que criticamos y no conocemos bien llamado Nueva Era; pero no tengo el espacio ahora mismo para explayarme en esa dirección.

Quiero suponer que la pregunta que más nos interesa como cristianos, seamos carismáticos, pentecostales o bautistas es ¿Qué dice Dios de todo esto? Primero quiero comenzar diciendo que dar una respuesta facilona y escapista no es válida. Al dialogar con algunos predicadores y predicadoras de renombre, algunos de ellos me aseguraban que no habían necesitado un instituto bíblico o ningún tipo de preparación, porque a ellos o ellas el Espíritu Santo les revelaba las profundidades de la Palabra de modo directo e instantáneo. Por supuesto no creo que sea un título lo que valida a un predicador, pero a estas personas que menciono bastaba con escucharlas por 30 minutos para notar que la mayor parte de su discurso era testimonio tras testimonio y aunque tenían facilidad de palabra, se evidenciaba la necesidad que tenían de profundizar en el estudio. No es lo mismo hablar de forma fluida durante una hora que aportar fundamento y revelación bíblica, pero desgraciadamente el mundo evangélico se queda admirado observando a un predicador que no usa notas, creyendo erróneamente que lo inspiracional y espontáneo es igual a lo espiritual y ungido.

Si queremos saber el punto de vista de Dios al respecto debemos remitirnos a Su Palabra y Él es claro al respecto en 1 Timoteo 3.2-7. Esta cita destaca 17 requisitos que se refieren sobre todo al carácter del ministro, pero hay algo que Dios pide del aspirante a obispo (pastor): que sea apto para enseñar (1 Tim 3.2). Resulta obvio que para ser buenos maestros primero necesitamos ser buenos estudiantes, y si rechazamos el estudio y la preparación previa alegando que el Señor nos guiará al impartir la enseñanza tampoco podemos esperar que nuestros oyentes abracen la enseñanza, ya que para ellos representa “estudio”, ejercicio de la mente, lo cual para muchos es sinónimo de abandono de lo espiritual.

Es extraño que siendo que Dios puso en nuestras manos una biblioteca de 66 libros (la Biblia) todavía pensemos que no es tan importante para Dios el empeño en ejercitar nuestro entendimiento. Hace poco tiempo atrás una persona me dijo “Ustedes los cristianos solo se basan en la fe, la respuesta a todo es que hay que tener fe”. Le respondí “No es así, nos basamos en la historia”. Este hombre, un sincero escéptico se quedó extrañado de mi respuesta. Si bien el evangelio se recibe por fe, esta fe está basada en un hecho real, la resurrección de Jesús. La fe no debe convertirse en la escusa perfecta para dejar de pensar, investigar, estudiar, analizar, razonar o meditar. La Biblia está repleta de invitaciones a usar el don de la inteligencia, además lo hace en tono imperativo.

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3, RVR60)

¿Estamos preparados para “contender” en defensa de nuestra fe? Estoy seguro de que Judas se refería a algo más que la clásica respuesta: “No lo puedes entender porque es espiritual y hay que recibirlo por fe”.
Pedro dijo: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3.15, RVR60)

¿Y qué se puede decir del temor injustificado que tenemos hacia la filosofía? Filosofía no quiere decir otra cosa que amor (filo) a la sabiduría (sofía). ¿Le suena esto? Si está familiarizado con el libro de proverbios seguro que le resultará conocido. De 31 capítulos que contiene el libro de proverbios en 21 de ellos, habla de amar la sabiduría, seguir la sabiduría, buscar la sabiduría, abrazar la sabiduría. Como dijo C.S. Lewis “La buena filosofía debe existir, aunque solo sea porque existe la necesidad de rebatir la mala filosofía”. Los argumentos de la filosofía pagana deben ser combatidos. Pedro nos advirtió de la falta de preparación de este modo:

Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. (2 Pedro 3:11-12)¿Quién es indocto? El que carece de preparación ¿y a quien llama inconstante? A aquel que trata de enseñar a otros habiendo desistido del estudio.

En varias ocasiones escuche a orar a creyentes bienintencionados citando a Pablo y decían así: “derribamos todo argumento que se levanta en contra del conocimiento de Dios (2 Cor. 10.5)” La oración es muy poderosa, y hace que las cosas cambien, pero Jesús fue nuestro ejemplo en avergonzar a los sabios demostrando una mayor preparación, conocimiento y sabiduría. Un argumento falaz se derriba, no solo con oración, sino con una argumentación sólidamente fundamentada en la verdad. Recordemos que Jesús dijo “Conoceréis” (en contraposición a ignoraréis) la verdad, y la verdad les hará libre.

Mi estimado hermano, no desistas en entrenar tu cerebro. Lee y estudia la Biblia, si escuchas una predicación toma notas, si te interesa un tema en particular investiga, lee libros. ¿Por qué escuchamos predicaciones? Porque sabemos que es Bíblico que Dios usa este sistema para comunicar su mensaje. Cuando escuchamos una buena predicación somos edificados, pero como predicador y maestro le diré que cuando uno baja del púlpito, en ocasiones se da cuenta de que no tuvo todo el tiempo necesario para tratar el tema, que sin querer uno se fue por otro lado o que se olvidó mencionar algo importante. Lo hermoso de leer a un buen maestro de la Palabra, es que este tuvo la oportunidad de optimizar el tiempo, leer y releer el texto para asegurarse de presentar de forma ordenada la sabiduría que Dios le ha dado. De modo que cuando nosotros leemos un comentario bíblico o un libro sobre algún tema en particular, es como si estuviéramos disfrutando de una predicación cuyo expositor dedicó cientos de horas a elaborarla y darle retoques según recibió revelación.

Es recomendable que a la hora de escoger un libro nos fijemos en el comentario de quien hace el prólogo y en la bibliografía que el autor leyó para darle sustento y amplitud a sus escritos. Esto debemos tener en cuenta porque son demasiados los libros que circulan en las librerías cristianas que han sido escritos por personas que esperan que otros tomen de ellas usando su material, pero no se han preocupado de tomar de otros. Una buena bibliografía nos da una pista de lo nutrido que estará el libro que tenemos entre las manos. También es bueno recordar la necesidad de tener cierta sospecha con los libros que ofrecen respuestas facilonas, instantáneas como exitistas o revelaciones muy novedosas. No se trata de cerrarnos totalmente a este tipo de libros, sino de tener pensamiento crítico y buscar sobre todo libros que nos ayuden a explorar la riqueza de la Palabra de Dios.

Huyamos de la desidia y el desinterés por estudiar la Biblia y los temas doctrinales, deshagámonos del orgullo de creer que ningún autor cristiano tiene nada que enseñarnos, estudiemos toda la revelación de Dios “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 20.27, RVR60) Eso es teología (la mala teología teoriza sobre Dios, la buena Teología busca conocer a Dios tal como Él se ha revelado y hacer los cambios pertinentes en la vida respecto a esa revelación).Apaguemos la televisión por un momento y sumerjamos nuestra mente en la hermosura que nos ofrece la revelación y sabiduría de Dios, amando la verdad y haciendo de nuestro cerebro un receptor de la revelación Divina. No nos conformemos con menos, aceptemos el desafío de Dios de usar y ejercitar el don del intelecto.

No se trata de desentrañar y entender todo lo espiritual con nuestra mente humana, sino contemplarlo como se contemplan las estrellas a las que no alcanzamos. G.K Chesterton lo expresó de manera hermosa cuando dijo: “El sabio es quien quiere asomar su cabeza al cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza” Si estamos dispuestos a sumergirnos en la búsqueda de lo verdadero, con la Palabra de Dios como guía y referencia, estaremos contemplando lo más hermoso de la vida, introduciendo nuestra cabeza en el cielo.

“y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8.32, RVR60)

“Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.” (Lucas 4.32)

“…Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. ” (Proverbios 1.7b, RVR60)